El diario El País publica hoy tres entrevistas muy interesantes. Una es a Giovanni Di Lorenzo, director del semanario Die Zeit, que vive los mejores momentos de su historia gracias a hacer exactamente lo contrario de lo que hacen el resto de medios, asfixiados por su cobardía. La segunda entrevista es a Nouriel Roubini, uno de los más acertados profetas de la crisis económica, ignorado como Cassandra, por supuesto, y que sigue tirando por tierra el ‘broteverdismo’ oficialista. Y la tercera es a Mariano Rajoy. Y, créanme, qué contraste con los anteriores. Qué lástima, qué penita. Me refiero a los españoles, condenados a sufrir estos líderes políticos de ínfima categoría.
El inteligente
En seis años de dirección de Di Lorenzo, la facturación de Die Zeit ha crecido un 70%, los beneficios se han triplicado y la difusión ha aumentado un 60%, hasta el medio millón de copias semanales. En la entrevista, Di Lorenzo rechaza el catastrofismo que impera en la prensa respecto a su futuro en un mundo digital. Donde los demás ven internet como la bestia negra en la que es imposible hacer dinero, él ve otros errores más graves que han llevado a la prensa al borde del abismo:
“Tenemos que cambiar los periódicos, pero no podemos atribuir nuestros problemas solo a la revolución de Internet. Hubo otros errores, como la falta de credibilidad. El abandono de la calidad. Si se empieza a hacer diarios demasiado sensacionalistas o demasiados parecidos entre sí, se pierde tirada. La crisis de los diarios estadounidenses empezó con la actitud de la prensa hacia la guerra en Irak. Los diarios se dejaron instrumentalizar por el aparato propagandístico, por eso los lectores empezaron a buscar en Internet, porque ahí estaba la promesa de encontrar otra información. La crisis empezó ahí”.
La clave fundamental de Die Zeit es que es profundo, con artículos extensos, sesudos e incluso difíciles de digerir. El número más exitoso de este año de Die Zeit abría con una investigación político filosófica sobre la autoridad, Das Rätsel Autorität, “que no tenía nada que ver con las discusiones actuales y que, sin embargo, era un debate sobre los valores de nuestras vidas”. ¿Será que lo que ha de hacer el papel es pelear con calidad, sin menospreciar a los lectores, en lugar de apostar por la banalidad, batalla en la que no tiene nada que hacer frente a televisión e internet?
El listo
Roubini sigue exprimiendo sus negros presagios sobre el futuro económico. Él, como Santiago Niño Becerra en España, fueron contracorriente en los años anteriores al desastre. Y el tiempo les dio la razón. A punto estuvimos de volver a las cavernas y aún estamos empezando a pagar la factura de haber salvado el sistema (si hacerlo fue correcto o no, es otra cuestión…).
Para el economista turco, “vienen años dolorosos por la resaca del alto endeudamiento público y privado en el mundo rico. La buena noticia es que podemos evitar una recaída en la recesión. La mala es que no se puede hacer mucho más que eso“.
¿Y cómo intentar salir de la crisis? No en el modo en que los líderes mundiales lo hacen. Roubini tiene claro que “la banca es la semilla del problema, el ojo del huracán, y todo lo que se haga por darle una vuelta de tuerca a la regulación llegará ya demasiado tarde y será demasiado poco”.
Así que ya lo sabemos. Si damos credibilidad al tipo que avisó antes que nadie del tsunami financiero que se nos venía encima, ahora advierte antes que nadie de que “aún no hemos salido de esta y ya viene otra crisis: la cuestión es solo cuándo”.
El que nos cree tontos
Loables los intentos de Javier Moreno, director de El País, por hacer que Rajoy le cuente sus planes económicos si llega a la Moncloa. Lo intenta por todos los flancos, pero el gallego se niega a descubrir sus cartas. Sigue apostando por no decir qué reformas concretas haría para cambiar el rumbo económico de España, ahondando en el error cometido cuando anunció a bombo y platillo su supuesto plan de medidas.
Y sus regates, empleando ese desagradable discurso largo y hueco de los políticos, le dejan en evidencia. Casi tanto como el recurrente recurso a esto no lo haría ‘hoy por hoy’ o ‘en estos momentos’. Es decir, “a fecha de hoy” no hubiera recortado el sueldo a los funcionarios, no recortaría las prestaciones por desempleo, no es partidario del copago de la sanidad…
Ah, y un compromiso que habrá que guardar bien apuntado por si llega el momento de recordarlo:
Pregunta: ¿Aplicará medidas que no haya detallado antes en su programa electoral?
Respuesta: No.
Tomamos nota.











