dic 232010
 

Parece que la noticia tonta de la semana va desapareciendo al fin de los medios. Durante un par de días hemos tenido que darle relevancia nacional a la mala educación de un niño mal estudiante y a la sobrerreacción de sus padres, culpables como tantos otros de dar credibilidad a las exageraciones del chico al relatar su versión siglo XXI del ‘profe me tiene manía’ de toda la vida.

La historia lo tenía todo para hacer babear a los medios (pongan el ‘supuestamente’ antes de cada afirmación): musulmanes queriendo imponer sus creencias a los españoles, problemas de integración de inmigrantes en el sistema educativo, la justicia teniendo que bregar con la religión,… ¡y un ataque al orgullo nacional, el jamón serrano! Y allá que se lanzaron todos, a dentelladas con una historia estúpida y simplona que en una sociedad con dos dedos de frente debería haber quedado en una bronca al niño por hacer la gracieta en clase y el desestimamiento de la denuncia hecha por los padres.

Pero no. Aquí hemos llevado a la madre a televisión para que cuente su versión de los hechos, hemos abierto los informativos de televisión con este ‘scoop’ y dedicado horas a discutir si yo soy tirio y tú troyano o al revés. Y lo que es peor, hemos tergiversado los hechos para que la noticia fuera tal. El titular más recurrente ha sido “Un musulmán denuncia a su profesor por hablar del jamón”. No es cierto. La denuncia fue interpuesta por el supuesto menosprecio del profesor al alumno al invitarle a dejar España si no le gustaba que se comiera o se hablara de jamón. Esto es lo que el niño dijo a sus padres, mintiéndoles, ya que las palabras del profesor fueron bien distintas. Y los padres decidieron estúpidamente denunciar este hecho que sí podría ser considerado punible sin confirmar antes qué había pasado realmente.

En definitiva, tenemos un escándalo identitario nacional por la mala educación del chico al hacer la gracieta de interrumpir una explicación de su profesor con la estupidez de que por ser musulmán le ofendía oir hablar del jamón y por la posterior versión engañosa que contó a sus padres. ¿De verdad no hay nada mejor que contar a los españoles que esta sandez? ¿No hay mejor periodismo que hacer? Bienvenidos a la era del infotenimiento.

Quienes se han hecho cruces bien católicas y españolas estos días con el tema, mejor harían en preocuparse por la calidad de su adorado jamón serrano, tan intocable como el rey en este país pero en el que cada vez se adivinan más indicios de fraude: que sólo el 20% de los jamones que se venden como ibérico lo sean realmente o que se incauten 17.000 kilos de jamón por mentir en su calidad son un par de buenos ejemplos. Y el inquietante caso del jamón húngaro que se hace pasar por español, también es un buen tema de discusión, tanto para los jamonófilos como para los medios que necesiten buenas historias.

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