Las siete razones que me llevan a apoyar el asalto a supermercados con el fin de alimentar a los necesitados:
- La acción del alcalde de Marinaleda junto a miembros del Sindicato Andaluz de Trabajadores es un acto de desobediencia civil, no un robo. Y esto es así porque cumple los tres requisitos que la definen: ha sido realizada públicamente (incluso se convocó a la prensa), es ilegal y quien comete el supuesto delito es consciente de sus acciones y motivo.
- El asalto a los supermercados tenía como fin hacer acopio de alimentos para repartirlos en comedores sociales para necesitados. Es decir, la acción no tenía ánimo de lucro, sino que venía motivada por un fin desinteresado que en ningún punto de la cadena que posteriormente desencadenaría revertiría en beneficio alguno para los intervinientes (ni los “expropiadores” ni los comedores sociales ganarían nada con la acción).
- Tanto Mercadona como Carrefour no participan en programas de alimentos para pobres. De hecho, Mercadona explícitamente se ha negado a donar alimentos destinados a la basura cuando alguna ONG se los ha solicitado. De este modo, ambas cadenas de distribución se alejan de la ética y moral más elementales. Tirar comida a la basura negándosela al necesitado atenta contra los principios fundamentales de una sociedad democrática. Siendo legal su actitud (inexplicablemente) no significa que sea justa. Esto nos lleva al punto siguiente.
- Lo legal no tiene por qué ser justo. Son dos conceptos que no tienen por qué coincidir dado que la legalidad viene marcada por quien dicta las leyes en un momento determinado. Las acciones de los peores sátrapas de la historia han estado amparadas por las leyes y eran lo opuesto a la justicia. Y dentro de las sociedades democráticas, la segregación racial o la marginación de la mujer estaban amparadas por los juces hasta anteayer. A diario se revisan y actualizan leyes buscando asemejarlas a la noción de justicia que tiene quien ostenta el poder. Lo legal o ilegal varía de un día a otro y no nos escandaliza. Ejemplos sencillos son el aborto, la ley de costas o el matrimonio homosexual. La acción de Gordillo no es legal pero sí justa. Un perjuicio inapreciable para una gran empresa supone un beneficio vital para personas que no tienen nada.
- El momento que atraviesa España y las soluciones que los gobiernos están encontrando se basan exclusivamente en el recorte del Estado del Bienestar que protege a los más desfavorecidos. La ausencia de medidas dirigidas a redistribuir el capital acumulado en la cúspide de la pirámide de la riqueza deja desprotegidas a las capas más bajas de la sociedad. Ante la indiferencia con sus problemas, es moralmente justificable emprender acciones al margen de la ley para suplir el obligado pero ausente respaldo estatal a los desfavorecidos.
- Millones de personas han mostrado su rechazo de forma cívica y legal a las medidas del gobierno los últimos dos años (huelgas generales, 15M, manifestaciones sindicales, manifestaciones de funcionarios y un sinfín de protestas de diferentes colectivos). El resultado ha sido cero. La cerrazón gubernamental a escuchar a los que claman desemboca por inercia propia en la radicalización de las formas de protesta. Ante el derecho ciudadano de manifestación, el gobierno tiene a su vez la legitimidad de responder con indiferencia, pero debe ser consciente de que con ello estimula que surjan diferentes vías sociales para continuar reclamando los cambios que consideran justos. Cruzar la vía de la legalidad una vez agotados los medios legales es desobediencia civil.
- Tanto Sanchez Gordillo como los centenares de jornaleros sindicalistas que protagonizaron el asalto arriesgan consecuencias penales personales. Realizar actos de desobediencia civil no es un capricho. La motivación desinteresada sabiendo que acarreará consecuencias personales negativas merece reconocimiento.
Si los gobernantes creen que esto es todo lo que la población puede hacer para mostrar resistencia a lo que considera injusto, deberían saber que hay hasta 198 métodos de acción no violenta. Y parece que ya hay quienes se atreven a utilizarlos.