Lo miren por donde lo miren la escalada de tensiones entre Gran Bretaña y Ecuador por la extradición y asilo diplomático de Assange no tiene sentido si nos atenemos a las circunstancias reales de sus casos judiciales pendientes. Porque parece que en todo este terremoto de información está quedando en el olvido de qué se le acusa y lo endeble de la base acusatoria, que ya generó gran polémica en su génesis en Suecia.
Y es que a Assange no se le acusa de liderar la filtración de documentos de Wikileaks. Eso quisieran. La cruda verdad es que las acusaciones que pesan sobre él son estas dos:
- Anna Ardin le acusa de coerción ilegal por inmovilizar a su pareja sexual durante un acto consentido y “sexual molestation” (lo dejo en inglés porque creo que es un término más concreto y entendible) por haber practicado sexo consentido engañando supuestamente respecto al uso de preservativo. Aquí se cuenta con detalle lo sucedido.
- Sofía Wilen le acusa de violación por haber mantenido relaciones sexuales sin condón con una mujer dormida con la que había tenido relaciones consentidas poco antes. Aquí, el relato pormenorizado.
Veamos quién es Anna Ardin. Esta ciudadana sueca ha vuelto a aparecer en los medios ultimamente por haber participado en viajes a Cuba junto a Jens Aron Modig para financiar a la disidencia cubana. ¿Qué quién es Modig? El ciudadano sueco que viajaba junto a nuestro español Ángel Carromero en el coche que sufrió el trágico accidente. Y es que Anna en realidad nació en Cuba y fue miembro del grupo disidente ‘Las Damas de Blanco’. Este grupo es financiado por los Estados Unidos y al menos uno de sus miembros, Luis Posada Carriles, era colaborador de la CIA según un documento desclasificado por EEUU en 1976. ¿Ven la relación entre Anna, disidencia cubana y CIA? Casualidades de la vida. Hay más información en Piensa Chile y The Raw Story. Sobre esta acusación, también es relevante que la fiscal sueca retiró los cargos a las pocas horas de ser interpuestos por carecer de base. Un mes después la fiscal superior sueca, Marianne Ny, reabrió el caso calificándolo de violación. Nada menos.
Y con estas bases, se echa a la policía mundial a la caza de Julian Assange. Y con estas bases un país en el que el acusado no ha delinquido está dispuesto a asaltar una embajada para poder extraditar al acusado a otro país. Seguro que no subyace el deseo de poder usar Suecia como trampolín para enviar a Assange al mismo agujero en el que mantienen encerrado a Bradley Manning (al que califiqué de héroe en este post y lo mantengo).
Si quieren vengarse de Assange por sacar a la luz la miserable realidad de quienes dominan el mundo, al menos que no nos llamen estúpidos por el camino