Tras leer la entrevista que publica hoy el diario El País a Juan López de Uralde, líder del Proyecto Equo, no sé qué sentimiento predomina más en mí, si la decepción o el enfado. Y es que el tono que utiliza el periodista Jesús Ruiz Mantilla oscila entre agresivo, insultante, paternalista, humillante, menospreciativo, acosador… conformando así una entrevista dedicada a ‘pillar’ al entrevistado. Una retahíla de preguntas, repreguntas y afirmaciones hechas desde la sorna del escéptico del ecologismo y con el fin de desprestigiar al entrevistado. Y lo que es más doloroso, desde una presumida superioridad moral e intelectual.
Ya desde el principio, Ruiz Mantilla entra a hacer sangre, repreguntando hasta en tres ocasiones para lograr que Uralde especifique su postura sobre educación, política exterior y sanidad. Curiosa esta insistencia cuando todavía no hay un partido político formado ni por tanto un programa electoral elaborado. Parte el periodista de la presunción de que los partidos verdes sólo tienen las cuestiones medioambientales en su hoja de ruta. Cuando haya partido y haya programa, es el momento de preguntar. No tengamos, prisa, Jesús, por defenestrar al nuevo actor electoral.
Curioso es también el tono tabernario que insiste en colocar el periodista. Olvidando las mínimas formas de respeto, se permite preguntar “¿Y ahí es donde piensan pillar cacho?” (sic). Uralde responde que no le gusta esa expresión y Mantilla, con un tono que hace que le imaginemos acodado en la barra de un bar, le impele: “Déjese de idealismos y de términos políticamente correctos”.
En este campo de minas en que se había ya convertido la entrevista para el líder de Proyecto Equo, pasamos ahora a la fase de ‘pillar en contradicciones al ecologista’. Todos los que tratamos de llevar una vida lo más ajustada posible al ideario ecologista nos hemos encontrado a menudo ante quienes intentar hacernos ver nuestras contradicciones y paradojas, como si el hecho de no ajustarnos al 100% a un estilo de vida de contaminacion cero, tirara por tierra todos los demás esfuerzos realizados.
Choca, sin embargo, que este juego de charla entre amigos entre en una entrevista al principal líder del ecologismo en España. Es admisible, claro, pero no deja de ser chocante. Uralde sale como todos salimos de estas gymkanas, reconociendo que no se es perfecto, pero que se hace lo máximo posible. Aunque también sabemos todos que esta sinceridad es utilizada por muchos para justificarse a sí mismos en su inacción a la hora de echar una mano al planeta. Así de tramposa es la conciencia basada en la tiranía del consumo y la comodidad: hace que muchos se escuden en que los más concienciados no son perfectos para continuar sin hacer nada.
El repaso a su etapa en Greenpeace, su ascenso hasta la dirección de la ONG en España y su culminación con el encarcelamiento en la Cumbre del Clima de Copenhague es convertido por Mantilla en una suerte de intrigas palaciegas por el poder con el único objetivo de salir en la foto. Como lo leen.
Otra pregunta encantadora es la siguiente “Ese activismo ¿de dónde le viene siendo un chico de tan buena familia?”. ¿Se puede ser más tópico y prejuzgar de forma más burda? Mantilla parte estúpidamente de que nadie que tenga dinero puede ser solidario o esforzarse por cambiar las cosas. Imagino la cara de estupor de Uralde ante semejante pregunta.Puestos a tirar de topicazos, cuando este periodista se encuentre ante una mujer guapa y trabajadora, le preguntará “Con lo buena que estás, ¿por qué trabajas pudiendo vivir de un marido rico?”.
Sin embargo, mi pregunta favorita es la última. Qué delicia escuchar con la que está cayendo para el medio ambiente que aún hay periodistas capaces de preguntar en público sin sonrojarse: “Pongámonos catastrofistas, que es lo que más les excita del mundo a los ecologistas. Si no nos ponemos serios, ¿qué nos ocurrirá?”. Sí, Jesús, los ecologistas tenemos sueños húmedos con osos polares extinguiéndose, sequías e inundaciones que matan a millares, costas contaminadas, alimentos transgénicos en nuestros platos, aires irrespirables… Sí, son fantasías sexuales de nuestro gremio. Ah, no, lo malo es que no son fantasías. Son realidades. Están pasando en tu mundo y en el nuestro. Sólo que tú prefieres seguir mirando para otro lado.
¿Y cuál es ese lado hacia el que mira Jesús Ruiz Mantilla? El del placer por el placer. Resulta que este periodista tiene obsesión por llegar a la felicidad a través del placer, coniderando “el placer como filosofía de vída”. Imprescindible esta entrevista en soitu para entender al personaje. Sabido es que los placeres sin control tienen difícil conciliación con la protección del medio ambiente. El ‘lo quiero todo y lo quiero ya’ que se esconde tras la filosofía hedonista de Ruiz Mantilla es lo que le empuja a acercarse al ecologismo con semejante descreimiento y falta de respeto.
Quien en El País le eligió para realizar esta entrevista sabía muy bien lo que conseguiría: ¿quizá comenzar a neutralizar a una posible amenaza en las urnas contra el electorado afín?
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