oct 022012
 

El 14 de septiembre los ínclitos Cristobal Montoro y José Manuel Soria presentaban el Anteproyecto de ley de medidas fiscales en materia medioambiental y sostenibilidad, en esencia una reforma del mercado eléctrico que recoge nuevos impuestos y que entrará en vigor en 2013. Lo que no advirtieron es que escondía a modo de huevo de pascua digital, una confesión oficial del fiasco económico que se oculta tras la energía nuclear.

El Anteproyecto de ley (ver texto íntegro) en la Exposición de Motivos (página 2, apartado 3, segundo párrafo) dice:

La generación de energía eléctrica mediante la utilización de energía nuclear supone la asunción por parte de la sociedad de una serie de cargas y servidumbres, debido a las peculiaridades inherentes a este tipo de energía, cuyo impacto económico es difícil de evaluar. La sociedad ha de hacerse cargo de una serie de responsabilidades derivadas de los aspectos específicos que inciden en dicha generación, tales como la gestión de los residuos radiactivos generados y el uso de materiales que pueden ser utilizados para fines no pacíficos.

Así que el gobierno popular, que no ha escatimado saliva propagando el dogma de que la energía nuclear es barata, reconoce en documento oficial que genera una serie de “cargas y servidumbres de impacto económico difícil de evaluar”. Ya se lo traduzco. Se refieren a los costes de mantenimiento durante miles de años de los residuos nucleares, de los gastos billonarios que supondrían un accidente nuclear y del enorme coste del desmantelamiento de las centrales una vez finalizada su vida útil.

El documento continúa confirmando una de las tesis que los antinucleares esgrimimos contra la energía nuclear: “…la valoración del coste total del desmantelamiento de las centrales nucleares y la gestión definitiva de los residuos radiactivos mantienen un alto grado de incertidumbre que, en última instancia, se trasladaría a la sociedad.” Así que “las amortizadas centrales nucleares”, según afirma Soria en cuanto tiene un micrófono ante el bigote, no lo están, sino que mantienen costes ocultos, de monto incierto y encima se asume que su cobertura recaerá en la población.

Tal incertidumbre lo es porque el gobierno quiere que así sea, ya que cuantificar el coste oculto de la energía nuclear no es imposible. De hecho, Ecologistas en Acción realizó un exhaustivo informe titulado Hacia la internalización de los costes ocultos de las nucleares en el que daba las cifras. Y asustan. Recordemos sencillamente que el desmantelamiento de la central Vandellós 1 en el año 2000 costó 115.000 millones de pesetas (cerca de 7.000 millones de euros). Si este coste previsto e ineludible se trasladará al precio de la energía suministrada por las centrales durante su vida, de modo que no recayerá después en el Estado, haría que viéramos que en realidad el KW nuclear cuesta un 50% más.

Admite también el anteproyecto de ley que “…el Estado asume la titularidad de los residuos radiactivos una vez se haya procedido a su almacenamiento definitivo…”. Es decir, las compañías eléctricas se lucran durante la vida de la central y su basura radiactiva y el marrón de los restos tras su clausura pasan al Estado. O sea, nosotros. Gran negocio.

Pero no olvidemos que el dispendio oficialmente proclamado es invertir en energías renovables. Qué país.

> Los 10 contras de la energía nuclear

Share

ene 032012
 

Las estadísticas de precios de la UE del euro guardan muchas sorpresas de difícil explicación. Por ejemplo, si consultamos los precios de la gasolina en los diferentes países de la UE 21 encontramos grandes y curiosas variaciones, sobre todo al comparar los precios antes y después de impuestos. Y, como casi siempre, España se comporta de forma incomprensible. Somos de los países más caros antes de tasas y de los más baratos tras su aplicación. ¿Por qué?

Precios de la gasolina 95 en la UE 21 antes de impuestos

Precios de la gasolina 95 en la UE 21 antes de impuestos

Antes de impuestos, el precio de la gasolina en España es el séptimo más caro de los países de la UE 21: 66,2 céntimos de euro por litro de combustible de 95 octanos. Más caro que la media (64,8 céntimos). Solo nos superan Dinamarca, Italia, Irlanda, Grecia y Portugal. Excluyendo a Dinamarca, líder destacado en esta categoría (70,3 cts/litro), la gasolina es más cara en los países más acuciados por el problema de la deuda, los famosos PIIGS. ¿Casualidad?

¿Puede tener que ver con el poder adquisitivo de cada país? Eso explicaría que Dinamarca fuera el más caro, pero no que los PIIGS fueran a continuación, más caros que Alemania, Holanda, Francia…

¿Acaso depende de que los países sean productores de petróleo? No lo parece, dado que en Bélgica, Bulgaría, Chequia y otros apenas producen crudo y son más baratos que España.

Si alguien sabe la causa de estos precios, le agradecería que me lo comentase.

Precios de la gasolina 95 en la UE 21 con impuestos

Precios de la gasolina 95 en la UE 21 con impuestos

Pero el despiporre absoluto llega al comparar los precios de la gasolina después de impuestos. Aquí España es el quinto país más barato (139,4 cts/litro) de la UE 21. Sólo son más baratos Bulgaria, Rumanía, Polonia y Hungría. Esto quiere decir que la carga impositiva que aplica España a los combustibles es muy baja, al nivel de los países del este y astronómicamente alejada de los países más semejantes económicamente a nosotros.Y también muy por debajo de la media de la UE 21 (151,3 cts).

De nuevo no es cuestión de poder adquisitivo, dado que países con menor renta per cápita que España tienen gasolinas más caras tras impuestos. Es el caso de Portugal, Irlanda o Eslovaquia.

¿Por qué en España siempre ha sido anatema gravar la gasolina? Vivimos encadenados al coche, creando ciudades que obligan a su uso diario y generando una contaminación fácilmente evitable. Hemos creado una sociedad yonki de los coches a base de combustible barato (en comparación con los países de nuestro entorno) y que considera un crimen que se suban los impuestos en este sector, pero quizás es algo que deberíamos reconsiderar en estos momentos en los que el Estado necesita recaudar o recortar. Si me preguntan, prefiero que el sistema sanitario siga siendo gratuita y que el uso del coche sea menos barato. Además, si gasolinas más caras disuadieran a algunos conductores de conducir a diario, el medio ambiente y nuestra propia salud agradecerían que esa contaminación desapareciera.

Gráficos extraídos de la web del Ministerio de Industria

Share

dic 112011
 

Ecuador está poniendo a prueba el buenismo ecológico de los países ricos. Un país pobre pero rico en petróleo que exige dinero (mucho) para no destrozar sus selvas y extraer el crudo que albergan. Es un chantaje, por supuesto. Pero también es la expresión del derecho al desarrollo económico en virtud del cual nosotros, los países ricos, hemos arrasado nuestro medio ambiente. Eso sí, cuando se trata de proteger la biodiversidad de otros, nos apuntamos a las filas proteccionistas con pasmosa facilidad.

Vive YasuníLa situación es la siguiente: el Parque Nacional Yasuní en la Amazonia ecuatoriana tiene petróleo en su subsuelo por valor de 5.385 millones de euros y tanto el gobierno ecuatoriano como las petroleras llevan tiempo salivando ante la idea de comenzar a extraerlo. La presión internacional para evitar que se arrase esta zona de selva virgen de incalculable valor ha logrado parar los planes hasta ahora pero el presidente Correa ha echado un órdago: pide a la ONU 2.693 millones de euros en 13 años para olvidarse del asunto o comenzarán las obras.

Al oir las exigencias económicas, el resto de países comenzaron a silbar y mirar para otro lado. El buenismo con la ecología ajena termina donde empieza la preocupación por el bolsillo propio. A la ONU le ha costado dios y ayuda reunir 60 míseros millones de euros de los 100 que se necesitan para hacer el primer pago del chantaje de Correa y que ha de ser entregado antes de fin de 2011.

Parque Nacional YasuníEn resumen, Correa tiene a la selva amazónica como rehén y solo la dejará libre si los países ricos sueltan la pasta. La actitud de Correa es despreciable, no cabe duda. Pero también lo ha sido el modo en que el resto de países nos hemos aprovechado históricamente de los recursos de Ecuador, expoliándolo, contaminándolo y dejándolo en la miseria (ver el caso Texaco). No tenemos autoridad moral para dar lecciones de protección medioambiental a los países en desarrollo. Durante siglos hemos arrasado y expoliado y ahora queremos evitar que otros hagan lo mismo. Otros que están en la indigencia en gran parte por nuestra culpa, por nuestro enriquecimiento.

No hay duda de que el laberinto económico del sistema en que vivimos está lleno de trampas, de decisiones lose/lose. La ausencia de imaginación de los políticos para salirse de los cauces predefinidos es alarmante. O quizás es que hay poderes superiores que les encadenan a repetir las decisiones erróneas que nos llevaron a donde estamos. Pero lo cierto es que el desarrollo económico que Correa plantea a base de petróleo es cortoplacista y muy posiblemente no repercuta en el pueblo, sino que el dinero se quede en manos de los de siempre.

Aunque en última instancia, no me negarán que la dicotomía que plantea ‘la encerrona Correa’ a los países ricos es de las buenas: pagar por no extraer petróleo o permitir que una selva virgen sobreviva. En un mundo adicto al crudo y la energía barata, no apostaría porque vayan a optar por la decisión ética.

Más información sobre el Yasuní en este precioso blog: El ojo verde de Ecuador

Share

mar 272011
 

En el debate sobre si aumentar el uso de la energía nuclear o apostar sobre su paulatina desaparición a medida que las renovables ocupen su espacio hay muchos mitos y desinformación. Pero hay muchas realidades constatadas contra la energía nuclear que debemos considerar:

  1. El uranio es un mineral escaso en la naturaleza. Con el nivel de consumo actual se estima que duraría en torno a un siglo antes de agotarse, mientras que si se abren nuevas centrales nucleares como pide la industria, nos quedaríamos sin uranio en cuarenta años. Además, el coste ahora bajo del mineral iría aumentado exponencialmente a medida que nos viéramos obligados a explotar yacimientos menos rentables. En este estudio se hace un análisis perfecto de las reservas de uranio y su duración según diferentes escenarios de uso. Otro inconveniente es que el uranio es imprescindible para fines médicos y científicos o incluso alimentarios (irradiación de alimentos), utilidades que perderíamos con su agotamiento como combustible.
  2. Perpetúa la dependencia exterior de la producción energética. Si uno de los grandes inconvenientes del petróleo y el gas es que nos obliga a comprarlo en el exterior, subvencionando con su compra la existencia de regímenes dictatoriales y forzándonos a ser amigos de sus tiranos, con el uranio repetiríamos el error, si bien es cierto que los países beneficiados con el cambio de fiel de la balanza no tienen esta naturaleza política. Según datos del Foro de la Industria Nuclear, el 24,5 % de las reservas de uranio en el mundo se encuentran en Australia, el 17,3 % en Kazakhstán, el 13 % en Canadá y el 8,6 % en Sudáfrica. Tan sólo el 1,2% de las reservas de uranio en el mundo están en Europa. La energía nuclear nos vuelve a dejar en manos de los mercados y los especuladores que los controlan.
  3. Las centrales nucleares son un posible objetivo de ataques terroristas o bélicos. Aunque podemos extremar las medidas de protección, es imposible reducir a cero el riesgo de que un grupo terrorista decida atacar una central y provocar con ello una catástrofe. Tampoco nadie puede asegurar que en el transcurso de una guerra las centrales vayan a resultar indemnes, ya sea por agresión voluntaria o accidental.
  4. Riesgo en caso de catástrofes naturales. Tenemos que aprender de Japón y Fukushima. Uno de los países tecnológicamente más avanzados del mundo no ha podido evitar que un seísmo y el posterior tsunami provocaran el segundo accidente nuclear más grave de la historia. Que este terremoto es inusual, cierto. Pero ha sucedido. Lo inusual no es imposible y dejar nuestra supervivencia en manos del azar no parece lo más inteligente. Podemos reducir al mínimo los riesgos eligiendo con prudencia la ubicación de las centrales pero nunca podremos reducir a cero los riesgos.
  5. Errores humanos. Es la variable de los riesgos que más podemos controlar, tanto con la multiplicación de las capas de seguridad como con la ayuda de la tecnología. Sin embargo, la decisión humana siempre estará presente en la resolución de problemas y con ella la posibilidad del error.
  6. El coste y tiempo de construcción de las centrales. Este asunto es controvertido. Las cifras que promete la industria son la mitad de lo que estiman sus críticos, lo que supone una horquilla que va desde los 2500 millones de euros hasta los 6000 millones de euros. Como ejemplo ilustrativo podemos considerar la construcción de la central finlandesa de Olkiluoto 3, la primera en construcción en Europa en los últimos 30 años: se inició en el año 2000, con un presupuesto de 3000 millones y el objetivo de entrar en funcionamiento en 2009. Sin embargo, aún siguen las obras con 2013 como nueva fecha de arranque y ya se han gastado 5300 millones en su construcción, con muchas posibilidades de que el gasto final ronde los 6000. No hay que olvidar que este desmedido coste es asumido por el Estado con dinero público (aunque luego son entregadas a empresas privadas para su gestión) y las plantas carecen de seguros que cubran los accidentes ya que ninguna compañía asume los enormes riesgos. Un último apunte: la moratoria nuclear en España terminó en 1997. Si ninguna empresa ha construido una central es porque no le resulta rentable hacerlo. Son demasiado caras, digan lo que digan.
  7. Residuos nucleares. La energía nuclear nos condena a gestionar durante miles de años los residuos altamente radiactivos que produce. Sólo podemos almacenarlos en lugar seguro y costear su mantenimiento. Según datos de Greenpeace, a España le costará 17.000 millones euros mantener a buen recaudo estos residuos sólo hasta el año 2070. El reciclaje de estos residuos que Miguel Sebastián, portavoz del lobby nuclear ministro de Industria, preconiza en un acto más de insultante demagogia no es más que un deseo en investigación.
  8. Deja la generación de energía en manos de grandes grupos. Las centrales nucleares mantendrían el oligopolio empresarial que controla la energía actualmente en las mismas manos, dejando al capricho de sus decisiones el coste de la electricidad. Éste es precisamente el punto clave que hace a la industria temer a las energías renovables: apostar por ella descentralizaría la producción, permitiría a individuos o grupos independizarse de las grandes empresas. Un pueblo podría decidir crear su propia huerto solar combinado con eólica, geotérmica y biomasa, por ejemplo, y decir adiós para siempre a Iberdrola.
  9. Genera poco empleo. Según el Secretariado de la Conferencia Internacional de Energías Renovables de 2004, la nuclear es la fuente de energía que menos empleo genera por unidad de energía producida. En España, la tecnología sería importada, las empresas constructoras serían extranjeras y el empleo final sería escaso. Negocio redondo en un país con una tasa de paro del 20% actualmente.
  10. Impide el cambio de conciencia social hacia la moderación del consumo. La falsa sensación de electricidad barata e infinita que producen las centrales nucleares incentivaría el despilfarro en lugar de favorecer que la energía empiece a considerarse como un bien preciado que hay que usar con prudencia. Si queremos un mundo más sostenible, este cambio ideológico es imprescindible.

Share

mar 082011
 

Interesantísimo el debate que se planteó el viernes pasado en Hora 25 global en torno a la energía (puedes escucharlo al final de este post). Volvieron a salir los clichés habituales como la supuesta ausencia de un debate serio sobre el modelo a seguir, la falta de información de los ciudadanos, la dependencia energética del exterior… Inevitables todos ellos en una tertulia que se precie. Pero hubo un apasionado cruce de opiniones entre el pronuclear José María Brunet y el antinuclear Fernando Berlín.

Brunet ejerció de mamporrero de la industria y determinados poderes fácticos obsesionados por el renacer nuclear, dando por hecho que es la única alternativa energética al modelo petrolero actual. Brunet criticó las energías renovables por caras, cuando, como le recordó Berlín, no hay ninguna empresa privada que aborde la costosísima construcción de una central nuclear, con el problema añadido de que ninguna aseguradora cubre los riesgos de su actividad. En consecuencia, el Estado ha de correr con los costes, regalando luego el negocio a las empresas concesionarias de su explotación.

Otro argumento pronuclear es la dependencia energética del exterior. Dejaríamos de importar petróleo y gas, cierto. Pero pasaríamos a importar uranio, un mineral escaso cuyas reservas se estiman en menores a un siglo y del que España practicamente carece en cantidades que hagan rentable su extracción.

Asimismo, es necesario reiterar una vez más la realidad contra las falacias. España exporta energía, no la importa. Desde 2004 nuestro saldo eléctrico es positivo (ver este extraordinario artículo de El Mundo escrito por Pedro Cáceres). Y si continuáramos con la política de apoyo a las renovables, mejor saldo lograríamos. Hay que subvencionar su implantación, cierto. Pero las ventajas de apoyar una tecnología española de gran proyección, que nos independiza al 100% del exterior, que elimina el problema de la contaminación y a la larga tiene un gran recorrido para abaratarse sería la mejor política energética posible.

El simple detalle de que en dos días de ascenso del precio del petróleo, España gastó más dinero que todas las primas concedidas a energías renovables el año anterior entero, deja bien claro el estúpido argumento de que son caras. Dejamos de invertir en tecnología y economía nacional para enviar nuestro dinero a dictaduras de Oriente Medio y enriquecer a especuladores.

He cortado el momento del debate referido a la energía nuclear y aquí lo dejo:

Pero recomiendo la escucha de la hora entera de debate (haz clic en el icono del altavoz):

 

Share

feb 262011
 

Las tres medidas para ahorrar gasolina anunciadas por el gobierno resultan decepcionantes. En primer lugar por su inutilidad para el fin anunciado de ahorrar de forma sustancial, en segundo lugar porque malgasta la oportunidad de legislar adecuadamente para reducir de verdad el consumo de combustibles fósiles, y en tercer lugar por lanzar mensajes erróneos que confunden aún más a la población sobre el camino correcto para ahorrar. Sin contar el insulto que suponen cuando hace apenas unas semanas asestaron un golpe mortal al que debería ser nuestro futuro energético, las renovables.

Mi primera objeción es de concepto. Dado que el gobierno afirma que no hay problemas ni riesgos de desabastecimiento de combustible, ¿qué les importa lo que yo gaste en gasolina? Si quiero ahorrar y gastar menos, en mi mano está el ir a 110, 100 o 90 km/h. Si no quiero ahorrar porque tengo dinero para pagármelo, ¿por qué he de hacerlo? Estas afirmaciones las hago pensando sólo en clave económica, no medioambiental. Como hace el gobierno, vamos. ¿O es que les preocupó lo más mínimo cuando toda una generación hipotecó su alma al diablo para hacerse con una vivienda?

El dinero que dejemos de gastarnos en gasolina es dinero de cada uno de nosotros, no dinero público. De ahí que no entienda qué busca el gobierno con esta medida. Si su preocupación está en nuestra renta personal, podría también prohibir la compra de televisores de plasma, caros y que consumen mucha electricidad. O prohibir la adquisición de viviendas térmicamente mal aisladas, uno de los grandes males del dispendio energético español.

Pero desglosemos una a una las tres medidas:

1. Reducir el límite de velocidad en autopistas y autovías a 110 km/h

De acuerdo, es indiscutible que el consumo de gasolina se reduce de forma notable con este límite menor. Sin embargo, su alcance es muy discutible ya que los vehículos dilapidan mucho más combustible en los atascos en las ciudades que en su uso en autovías. Es sabido que el punto de eficiencia máxima de los motores de los turismos se alcanza a 90 km/h. A esa velocidad, el consumo es el menor posible, así como la emisión de CO2. Si el objetivo es reducir el consumo, ¿por qué no fijar la velocidad máxima en 90 km/h? Clemente Álvarez explica de maravilla cómo influye la velocidad en la contaminación de los coches en su blog Ecolab.

Las cuentas que el gobierno ha hecho, no salen. Según anuncian, la intención es ahorrar un 15% de gasolina y un 11% de gasóleo. Si los cálculos que las organizaciones ecologistas manejan cifran en que la diferencia entre ir a 120 km/h o ir a 90 km/h es un 25% de ahorro de combustible, es altamente improbable que la reducción de 10 km/h y tan sólo en autovías vaya a conseguir la mitad de ese ahorro.

Olvida el gobierno que el factor que más fácilmente puede repercutir en ahorrar combustible es el modo de conducir. La eficiencia en el uso de la caja de cambios y la prudencia con el acelerador y el freno pueden lograr reducciones de hasta el 40% en ciudad. Otros factores clave son los neumáticos, la carga del vehículo, el llevar baca o no, llevar las ventanillas abiertas o no…

La tibieza de esta medida no tiene nada que ver con lo ambicioso de sus objetivos. Me parece una medida correcta pero insuficiente y llega tarde. Debería haber sido adoptada hace años como parte de un plan contra el cambio climático y la contaminación que nunca llegó.

2. Rebaja de un 5% del precio de los trenes de Cercanías y Media distancia

Imagino que con esto quieren fomentar que la gente deje el coche en casa para pasarse al transporte ferroviario. El descuento es tan tacaño, es tan cicatero, es tan ridículo, que produce vergüenza siquier comentarlo,. Pero vamos a ello. En el caso de Madrid, el billete sencillo de Cercanías cuesta 1,35. El 5% son 6,75 céntimos, lo que dejará el precio del viaje en 1,28 aproximadamente. Semejante ahorro hará que haya colas frente a las máquinas dispensadoras de billetes.

Una medida valiente habría sido la reducción del precio al 50%. O incluso la gratuidad. Eso sí fomentaría el uso de este medio de transporte, Mientras que en 2010 el gobierno no dudó en gastar 100 millones de euros para subvencionar la venta de turismos (maldito e inútil Plan 2000), para los usuarios de transporte público sólo tiene 6,75 céntimos que ofrecer. Se me ocurre un lugar donde sugerir que los inserten. Y lo dice un usuario diario de Cercanías.

3. Elevar el porcentaje de biocombustibles en los gasóleos del 5,8% al 7%

Tampoco parece una revolución ahorradora un 1,2% más de combustibles de origen vegetal en la mezcla de gasóleo. Como detalle para mejorar nuestras relaciones con Sudamérica, de dónde procede el biodiésel en su gran mayoría, no está mal. Además, así pondremos nuestro granito de arena para fomentar que se deforeste un poco más el Amazonas de cara a cultivar nuestra gasolina ‘verde’.

Si algo podemos concluir de este plan, es que el gobierno está falto de ideas o preso de intereses superiores a los de los ciudadanos. No quiere o no puede apretar las tuercas a empresas en ningún sector. Eso está claro. Sí quiere y puede hacerlo con la población. Pero ni eso lo hace con acierto. Como no saben cómo hacerlo, habremos de quedarnos con el concepto. Está bien claro: hay que ahorrar energía. Debemos ser conscientes del cambio de era que vivimos. Se acabó la energía barata para siempre. El peak oil ha llegado y lo admiten las petroleras sin tapujos. Los problemas de Oriente Medio sólo aceleran la degeneración del sistema energético mundial, pero los síntomas estaban ya presentes.

En los gobiernos queda elegir cómo cambian el modelo. Por ahora lo están haciendo rematadamente mal. Pobres, son títeres, ya sabemos. En nosotros está la responsabilidad mayor. Asumir que debemos contenernos en el consumo, no esperar a que nos obliguen a ahorrar energía sino comenzar a cambiar nuestros hábitos desde ya. ¡Dejad de derrochar!

Share

nov 012010
 

Los mototaxis, usados profusamente en multitud de países en desarrollo, son vehículos ligeros de tres o cuatro ruedas con una carrocería de techo plano y extenso que lo hacen un candidato perfecto para adoptar la energía solar como combustible. Fue la idea del ingeniero peruano Werner Pacheco, investigador de la Facultad de Ingeniería Electrónica de la Universidad de San Marcos.

Diagrama del mototaxi solar. Fuente: El ComercioLas ventajas de eliminar las emisiones de dióxido de carbono de los miles de mototaxis que circulan por las calles de megaurbes como Lima o Bogotá son obvias. Asimismo, dotar de independencia energética a estos humildes vehículos elimina la incertidumbre de sus propietarios sobre el costo de la gasolina.

El prototipo diseñado por Pachecho consta de células solares que cubren el techo del mototaxi y que alimentan tanto directamente el motor como la carga de las baterías. Éstas serán las que propulsen el vehículo en ausencia de sol, siendo su autonomía media de unoas 120 kilómetros. Además tiene también la alternativa de un motor a gas que entre en funcionamiento cuando las baterías se agoten.

El coste aproximado de adaptación de un mototaxi para usar la energía solar sería de 1000 dólares con una duración estimada de 20 años.

Según Pachecho, la empresa sueca Skyllermarks les proporcionó los paneles solares para desarrollar el proyecto pero posteriormente la crisis económica les hizo retirar la financiación y desde ese momento no han tenido ninguna ayuda económica privada o pública. “Este proyecto me tomó más de cuatro años llevarlo a cabo, porque no he recibido apoyo económico, lo he avanzado solo”, asegura el investigador a El Comercio.

El otro escollo con el que se encuentra Pacheco se refiere a la patente: “Los empresarios se desaniman cuando ven que la patente es de la Universidad, ya que eso les obliga a pagar un porcentaje por los derechos”.

Share

oct 132010
 

Una vez más, los medios han dado una manita de verde a sus portadas con el último informe ecologista-científico que alerta del negro futuro que nos aguarda de seguir por este camino. Era el turno de WWF con su Informe Planeta Vivo 2010 (versión completa en PDF), que concluye que con el actual ritmo de crecimiento y consumo, en 2050 necesitaremos tres planetas como el nuestro para mantener el nivel de vida actual.

Informe Planeta Vivo 2010Es curioso como cualquier informe económico del FMI provoca reacciones airadas, propuestas, debates e incluso leyes que nos empujan a la huelga, y sin embargo estos terroríficos estudios ecologistas lo más que logran es torcerle la boca en una mueca de disgusto resignado a los ciudadanos. Y ni una palabra a ‘los que mandan’.

Pero seamos constructivos. ¿Qué propone WWF para cambiar el rumbo del Titanic antes de impactar con el iceberg? Esencialmente, cambiar el modelo energético y nuestra dieta (digan adiós a la carne si quieren que sus nietos estén vivos para recordarles).

Ambas sugerencias se dan de bruces con una realidad inamovible: casi nadie está dispuesto a renunciar a nada para ‘salvar el mundo’.

El modelo energético es el que es porque somos una cultura adicta a la energía, básicamente el petróleo, claro. Hemos creado un estilo de vida en el que es irrenunciable el consumo abusivo de energía. Nuestras ciudades, nuestras casas, nuestros desplazamientos, nuestro ocio, todo requiere energía a raudales para continuar desarrollándose y satisfaciéndonos.

Adictos a la gasolina¿Y de dónde podemos obtener este Amazonas energético? Descartados el petróleo y el gas… ¿Nuclear? No, los riesgos son enormes y la materia prima imprescindible, el uranio, es escasa y los estudios apuntan a que se agotará en un siglo (antes, si nos lanzamos a construir cientos de centrales por todo el mundo para sustituir a los combustibles fósiles).  ¿Fusión? Por ahora, ciencia ficción. Es el sueño dorado y hay mucho dinero dedicado a investigarla, pero por ahora no podemos apostar por ella. Pues salvo que me corrijan, sólo nos quedan las renovables. Solar, eólica, hidroeléctrica, maremotriz, geotérmica… Son energías caras comparadas con las fósiles y tienen el gran problema de la discontinuidad (problema este en el que la pila de hidrógeno parece la solución más factible) pero ya han demostrado su utilidad. Están aquí, mejorando su rendimiento rápidamente y en el plazo que tarda en construirse una central nuclear (unos 10 años) el salto adelante que darían las renovables podría hacer mucho más rentable dirigir a ellas el enorme costo de construir reactores nucleares.

Eso sí, reducir el gasto (dispendio diría yo) actual sería la mejor medida que podríamos tomar. Desde el plano individual al público, tomar en serio las medidas de ahorro energético sería la política más barata y efectiva posible. Esto no sucederá nunca. ¿He dicho ya que somos una cultura adicta a la energía?

La otra sugerencia de WWF se refiere a la dieta. Reducir el consumo de carne y lácteos ayudaría al planeta. Reduciría la contaminación y requeriría menos tierras cultivables. Como vegetariano, me han dicho en ocasiones que si todos lo fuéramos, habria que dedicar más tierras para alimentarnos. Inocente error. La mayoría de los cultivos son dedicados a alimentar el ganado. Cada vaca ha de ingerir siete kilos de alimentos para producir un kilo de carne. No hay conversión energética más ineficiente. Si comiéramos más plantas, la Tierra lo agradecería. Esto no sucederá nunca. ¿He dicho ya que somos una cultura adicta a la carne? No, lo digo ahora. Después de 15 años llevando una dieta ovolactovegetariana y mil conversaciones en las que me pedían y piden explicaciones de mi ‘rareza’, si de algo me he dado cuenta es de que la gente es adicta a la carne.

Volviendo al punto de partida, necesitaremos tres planetas para vivir: ¿y qué hacemos? Mmmm… ¿Esperar un golpe de suerte? Tenemos lo que nos merecemos, por multiadictos.

Share

jun 072010
 

“Existe la necesidad de reconstruir el sistema eléctrico para convertirlo en inteligente, que permita a los usuarios comprar y vender energía libremente“. Quién así hablaba era Robert F. Kennedy, abogado y activista medioambiental descendiente de la dinastía política americana, durante el II Encuentro Internacional de Amigos de los Árboles en Cáceres.

Robert F. Kennedy durante su charla en el  2° encuentro internacional amigos de los árboles

Robert F. Kennedy, en Cáceres

¿Qué quiere decir Kennedy con estas palabras? Que el futuro del sistema eléctrico mundial no pasa por la generación de la energía en grandes centrales propiedad de multinaciones sino por convertir a cada vivienda en un captador-generador de energía renovable con capacidad de verter el excedente no consumido en la red, de modo que el resto de usuarios puedan consumirla. Esto no significa que desaparezcan las Iberdrola y Unión Fenosa de turno, sino que su papel pasaría a ser el de garantes del suministro mediante el mantenimiento de redes y complementando el suministro eléctrico cuando las circunstancias hagan insuficiente la generación renovable individual.

Parque eólico de Twin Buttes en Colorado (EEUU)

Parque eólico de Twin Buttes en Colorado (EEUU)

Este cambio de status quo requiere el respaldo estatal. Y ahí es donde el poder de las multinaciones eléctricas se deja notar. Las trabas que existen, y que el inexplicablemente ministro Sebastián se ha encargado de eternizar durante su servil periodo al frente de la cartera de Industria, son un enorme impedimento para que la red de productores privados aumente.

Pese a que se ha tachado al gobierno del PSOE de dilapidar una fortuna en subvencionar la instalación de energía solar, principalmente lo ha hecho favoreciendo a los inversores en huertos solares. Para el españolito que quiere instalar paneles en su vivienda, la intención se convierte en gesta ante la burocracia que se le viene encima. Citando a la Fundación Terra:

España lleva 10 años legislando la producción energética renovable como una actividad económica tipificada como “fábricas de electricidad”. De este epígrafe se derivan condiciones inasumibles y absurdas para los usuarios domésticos, comunidades de vecinos, pequeñas empresas, etc. Toda la política de desarrollo de las renovables se ha realizado con el único patrón de vender electricidad a la red eléctrica.

Sin embargo, aunque los poderes fácticos y mediáticos hayan enarbolado el estandarte solar para sus ataques contra las energias renovables, los ciudadanos no podemos aceptar esta simplificación de las alternativas eléctricas. La eólica, ‘minieólica’ cuando nos referimos al productor individual, la geotérmica y la biomasa son excelentes opciones para comenzar a desvincularse de las grandes compañías eléctricas (o incluso llegar a decirles un adiós definitivo).

Las energías renovables existen ya y debemos exigir que no coharten mediante leyes hechas ad hoc para las grandes compañías nuestro derecho a acceder a ellas.

Artículos relacionados:

- Solar Decathlon 2010: casas que sólo usan la energía del Sol, en Madrid

Share