dic 112011
 

Ecuador está poniendo a prueba el buenismo ecológico de los países ricos. Un país pobre pero rico en petróleo que exige dinero (mucho) para no destrozar sus selvas y extraer el crudo que albergan. Es un chantaje, por supuesto. Pero también es la expresión del derecho al desarrollo económico en virtud del cual nosotros, los países ricos, hemos arrasado nuestro medio ambiente. Eso sí, cuando se trata de proteger la biodiversidad de otros, nos apuntamos a las filas proteccionistas con pasmosa facilidad.

Vive YasuníLa situación es la siguiente: el Parque Nacional Yasuní en la Amazonia ecuatoriana tiene petróleo en su subsuelo por valor de 5.385 millones de euros y tanto el gobierno ecuatoriano como las petroleras llevan tiempo salivando ante la idea de comenzar a extraerlo. La presión internacional para evitar que se arrase esta zona de selva virgen de incalculable valor ha logrado parar los planes hasta ahora pero el presidente Correa ha echado un órdago: pide a la ONU 2.693 millones de euros en 13 años para olvidarse del asunto o comenzarán las obras.

Al oir las exigencias económicas, el resto de países comenzaron a silbar y mirar para otro lado. El buenismo con la ecología ajena termina donde empieza la preocupación por el bolsillo propio. A la ONU le ha costado dios y ayuda reunir 60 míseros millones de euros de los 100 que se necesitan para hacer el primer pago del chantaje de Correa y que ha de ser entregado antes de fin de 2011.

Parque Nacional YasuníEn resumen, Correa tiene a la selva amazónica como rehén y solo la dejará libre si los países ricos sueltan la pasta. La actitud de Correa es despreciable, no cabe duda. Pero también lo ha sido el modo en que el resto de países nos hemos aprovechado históricamente de los recursos de Ecuador, expoliándolo, contaminándolo y dejándolo en la miseria (ver el caso Texaco). No tenemos autoridad moral para dar lecciones de protección medioambiental a los países en desarrollo. Durante siglos hemos arrasado y expoliado y ahora queremos evitar que otros hagan lo mismo. Otros que están en la indigencia en gran parte por nuestra culpa, por nuestro enriquecimiento.

No hay duda de que el laberinto económico del sistema en que vivimos está lleno de trampas, de decisiones lose/lose. La ausencia de imaginación de los políticos para salirse de los cauces predefinidos es alarmante. O quizás es que hay poderes superiores que les encadenan a repetir las decisiones erróneas que nos llevaron a donde estamos. Pero lo cierto es que el desarrollo económico que Correa plantea a base de petróleo es cortoplacista y muy posiblemente no repercuta en el pueblo, sino que el dinero se quede en manos de los de siempre.

Aunque en última instancia, no me negarán que la dicotomía que plantea ‘la encerrona Correa’ a los países ricos es de las buenas: pagar por no extraer petróleo o permitir que una selva virgen sobreviva. En un mundo adicto al crudo y la energía barata, no apostaría porque vayan a optar por la decisión ética.

Más información sobre el Yasuní en este precioso blog: El ojo verde de Ecuador

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feb 222011
 

Al fin la petrolera Chevron ha sido condenada al pago de una histórica multa (9.510 millones de dólares) por contaminar de manera indiscriminada y deliberada la amazonía ecuatoriana a través de su filial Texaco. El juicio ha durado nada menos que diecisiete años y es que ya sabemos lo bien que se les da a nuestros chicos de la industria de la devastación ecológica el dilatar los procesos hasta conseguir salir indemnes las más de las veces.

Periodismo Humano cuenta magistralmente en esta noticia todo el caso y los detalles del día de la sentencia (impagables, hay veces que las pequeñas actitudes hacen que se entiendan los grandes comportamientos).

En el vídeo superior, en apenas cinco minutos, miembros de las organizaciones implicadas en esta larga lucha contra el poder nos hacen entender la magnitud de la tragedia y la injusticia que les ha tocado vivir. La riqueza de la amazonía es su condena. El peligro continúa.

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nov 122010
 


El azar hizo que el paleontólogo Alceu Ranzi viera desde la ventanilla de un avión estas estructuras que hasta hace bien poco habían permanecido ocultas bajo la selva. Pero las talas masivas para ganar terrenos para agricultura y ganadería las dejaron al descubierto. Y es que en Río Branco, Brasil, la deforestación avanza con voracidad.

Los científicos que se lanzaron a investigar el hallazgo afirman que han contabilizado 300 contornos gigantes o glifos -círculos, cuadrados, rectángulos- repartidos a lo largo de más de 10.000 kilómetros cuadrados. Las dimensiones impresionan: los más tienen el tamaño de dos o tres campos de fútbol y han sido trazados en la tierra con grandes surcos de unos diez metros de ancho y tres metros de profundidad.

Deforestación en Río Branco vista desde Google Earth

Deforestación en Río Branco vista desde Google Earth

Los investigadores afirman que su origen puede remontarse a unos 850-1.000 años hacia atrás y, basándose en la tremenda cantidad de energía humanana necesaria para cavar las estructuras, estiman que al menos 90.000 personas podrían haber vivido entre los glifos identificados hasta el momento.

La expresión ‘hasta el momento’ es clave, ya que los científicos sólo han podido analizar la zona deforestada pero estiman que el asentamiento arqueológico podría ser diez veces más grande. Al ritmo que va Brasil, posiblemente no tengan que esperar mucho para poder ver bien pelado de selva el resto del terreno.

¿Cuántas maravillas ocultará la selva del Amazonas? Esperemos no descubrirlas nunca. Será mala señal.

Vía: lainformación.com, Global Post

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