El periodismo actual adolece de ser excesivamente ‘declarativo’ y dramáticamente superficial. La preeminencia de las opiniones de los políticos en todas las áreas de la vida social es abrumadora: si España levanta la Copa de Mundo, declaraciones de ZP, si Almodóvar gana un Oscar, telegrama del Rey, si hay una calçotada en Cataluña, crítica gastronómica de Rajoy. Sea cual sea el tema, siempre hay un micrófono para que los políticos hagan de sí mismos, de aburridos e insustanciales opinadores. Los titulares pasan a ser citas de sus palabras, siendo la única labor del periodista interpretarlas para que encajen con la línea editorial del medio. Profundizar en las causas de los hechos más allá de las declaraciones ya no es un factor. El saber es aburrido y no vende. La polémica, el odio, el partidismo, la trinchera… eso sí tensa y vende periódicos.
Cuando se trata de un tema de política internacional nos encontramos con otro escenario, aún más marcado cuando toca asuntos militares: la ausencia de información. Pero como hay que contar los hechos, hay que utilizar el único recurso existente: las versiones oficiales de las partes implicadas. Pongamos como ejemplo una situación extrema, como es Corea del Norte, uno de los regímenes más opacos y desconocidos del mundo, ahora en plena escalada de tensiones con Corea del Sur y, por ende, con Estados Unidos. Y según parece a tenor de lo leído, también con nosotros los miembros del club capitalista.
Analizando el modo en que El País informa de lo que sucede allí, pueden encontrarse pecados mortales de opinión y tendenciosidad por doquier. De las dos noticias que comento a continuación, una es de la agencia Reuters y la otra está firmada por EFE y El País. Es decir, el diario español no ha puesto nada o muy poco para elaborar esas noticias. Luego entonces hemos de remontarnos al periodista de agencia. La fiabilidad del medio desaparece por tanto para recaer la responsabilidad de lo dicho únicamente en la agencia. ¿Y qué ha hecho ésta? Reproducir fielmente la versión de EEUU-ONU usando epítetos de lo más significativo para dirigir la opinión de los lectores.
De todo esto se desprende que los medios pierden su utilidad cuando sólo repiten los mensajes de partes interesadas en conflicto. La interpretación de la realidad pasa de la cúspide a la base sin que el filtro intermedio actúe. Y así se conforma la opinión pública. Dan igual los hechos, sólo importan las conclusiones, en este caso la culpabilidad de Corea del Norte, el peligro que supone para nuestro mundo y la necesidad de cortarle las alas.
Soy contrario al régimen norcoreano, pero no voy a comulgar con los axiomas estadounidenses si no tengo razones para hacerlo más allá de la confianza ciega. Han demostrado tantas veces que los intereses económicos están por encima de la humanidad que han perdido el beneficio de la duda: aquello de lo que no aporten pruebas tangibles no pasa de ser un arma masiva iraquí.
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