El fracaso del golpe de estado de Venezuela en 2002 abrió los ojos a los Estados Unidos: ya no iba a ser tan sencillo poner y quitar gobiernos en Sudamérica de acuerdo con sus intereses económicos. La violencia y el estrangulamiento económico, como afirma Chomsky, habían sido las dos herramientas que durante el siglo XX permitieron a EEUU mantener el control de la región, ubicando a gobiernos títeres despóticos que cumplían sus dictados sumisamente.
Sin embargo, el nuevo siglo trajo nuevos bríos a Latinoamérica y a sus gentes, permitiendo el renacer del orgullo soberano y plantar cara a las injerencias de los intereses del Norte en su desarrollo. Así, Chávez y Morales han conseguido mantenerse en el poder con masivo respaldo popular pese al acoso mediático y económico externo.
¿Pero ha tirado la toalla Estados Unidos? Chomsky afirma que no. Al contrario, la escalada militar norteamericana en sus bases del Sur no ha hecho sino crecer, de modo que tiene más personal militar que civil en el subcontinente por primera vez desde la guerra fría. Prueba de ello es el acuerdo alcanzado con Colombia para la instalación de más bases militares en su territorio. ¿Para qué quiere Estados Unidos tener más presencia militar en el corazón de Sudamérica?
Asimismo, Chomsky revela que el control de las actividades militares allí ha sido desplazado del Departamento de Estado, sometido a las decisiones del Congreso, al Pentágono. De este modo, las garantías democráticas y el sometimiento a la legislación desaparecen y el secreto y la arbitrariedad castrense se imponen.
Y hay mucho más en los poco más de ocho minutos de charla de Chomsky. Mucho más que en horas y horas de los discursos de papagayo de nuestros políticos.
A sólo un día de abandonar el poder en Colombia (muy a su pesar), Álvaro Uribe ha denunciado a Hugo Chávez ante la Corte Penal Internacional y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos por violación de derechos humanos. Los principales medios españoles se han hecho eco destacando la denuncia pero siendo ‘sorprendentemente’ (es ironía, claro) imprecisos con las causas. Todo lo que mencionan es que se debe a la supuesta presencia de las FARC en territorio venezolano, desde donde planearían ataques que luego ejecutarían en Colombia.
Imagino que además de la presencia de guerrilleros en Colombia, la suposición de Uribe es que lo hacen auspiciados y protegidos por Chávez. Porque si por presencia de terroristas en un país vecino se puede denunciar a ese país, en España habríamos llevado a Francia al Juicio Final hace años. Ridículo.
Pero lo que me motiva a escribir sobre este nuevo sainete de la confrontación neoliberal-socialista, perdón, de la lucha del mundo libre contra el gorila rojo, es que sea Uribe precisamente quien se atreva a hablar de delitos contra la humanidad. Desconozco si ha logrado contener la risa al hacer pública su última decisión como presidente, pero es una insultante ironía que un personaje con las manos tan manchadas de sangre civil e inocente se atreva a acercarse a menos de un kilómetro de un tribunal.
Y es que la lista de sus crímenes es larga y funesta. Empezando del peor modo, por el final, Uribe se enfrenta actualmente al DAS-gate: la aparición de pruebas y testimonios de que los servicios secretos colombianos (DAS) espiaron ilegalmente a magistrados, periodistas y defensores de los derechos humanos, e incluso ordenó el asesinato de opositores molestos mediante la entrega de listas negras a los jefes paramilitares.
Los paramilitares, para quien lo desconozca, son grupos armados al margen de la ley creados por el gobierno colombiano en los años 70 para combatir a las FARC sin las ‘molestas’ trabas que la ley impone al Estado. El historial de asesinatos y matanzas atroces de estos grupos es interminable. Tras su creación, los paramilitares colombianos se convirtieron en regentes dictadores a sangre y fuego de algunas zonas de Colombia, esclavizando a campesinos e indígenas para servirles a ellos y a los narcotraficantes.
Siempre que se ha investigado la relación de los gobiernos de Uribe con los paramilitares han ‘caído’ sus principales asesores y colegas, pero él ha salido indemne.
De hecho, hace sólo un par de meses una delegación de 20 parlamentarios británicos, entre los que estaba Peter Kilfoyle, ex ministro de Defensa de Gran Bretaña, y de sindicalistas estadounidenses y canadienses señaló que no tiene duda de que “el gobierno de Álvaro Uribe y las fuerzas de seguridad son cómplices” de crímenes de lesa humanidad. Llegaron a esta conclusión tras escuchar los “testimonios de víctimas de horrorosos abusos de derechos humanos”. ¿Alguien supo algo en su momento o ha vuelto a saber después? ¿Es que no es relevante que un Estado reciba tales acusaciones por parte de una comisión internacional independiente? No, la información sobre Sudamérica, la más manipulada que recibimos sin ninguna duda, tiene un filtro que criminaliza a las FARC y a Chávez sistemáticamente y, no es que absuelva, sino que directamente oculta cualquier noticia sobre los crímenes de Estado de Uribe.
Uribe también ha sido acusado de haber mantenido estrechas relaciones con el Cartel de Medellín de Pablo Escobar.
Un resumen de los excvesos del gobierno de Álvaro Uribe, en estos 10 minutos de vìdeo: